domingo, 18 de octubre de 2009

Boletín 9

Profesionalismo en la Traducción

Para traducir bien, no es suficiente saber bien dos idiomas; para traducir profesionalmente, no es suficiente saber traducir bien. Quiere decir que, hay que alcanzar tres niveles: aprender un idioma extranjero, aprender a traducir y aprender a traducir profesionalmente.

Lamentablemente, no hay escuelas que enseñen el profesionalismo en el área de la traducción. Se aprende –cuando se aprende– con los propios errores, intercambiando ideas con compañeros y, leyendo los numerosos artículos sobre asuntos profesionales del área.

Compromiso. El traductor profesional asume un compromiso con la traducción, con los plazos y con el cliente. Deja de traducir porque es bonito, porque le interesa, porque es un desafío, para traducir porque asumió este compromiso. Si el texto es pesado, soso, aburrido, o si está con ganas de traducir otra cosa, eso no tiene la más mínima importancia: se sienta y cumple lo prometido.

Plazo. Nada de aquel romanticismo de ponerse a fumar una pipa y ponerse a ver el paisaje por la ventana, esperando inspiración. El profesional tiene más fe en la transpiración que en la inspiración. El texto debe que ser entregado a las cuatro de la tarde del miércoles, así esté lloviendo o haga sol, con o sin inspiración y punto.

Precio. El traductor profesional exige una remuneración por sus servicios y no tiene vergüenza de cobrarla. Tiene su propia tabla de precios. Cuando le piden un servicio, cotiza el precio sin constreñimientos. Cuando le ofrecen un servicio por un precio inferior al de su tarifa, lo recusa, de forma educada pero firme, dejando claro, cuál sería su precio mínimo por el servicio. Y, en cualquier circunstancia, cobra lo máximo que pueda.

Cobro. El profesional informa el plazo de pago y, cuando el cliente no paga dentro del plazo, le cobra perseverantemente al cliente. Y de forma firme. Nada de decir: Estoy necesitando el dinero. Si lo está necesita o no, es algo indiferente: Si entregó el trabajo dentro del plazo establecido, lo justo es recibir el pago puntualmente.

Acuerdo previo. Todo es acordado con anticipación: tipo de servicio, forma de entrega, plazo de entrega, precio, forma de cobro y pago (factura, recibo de honorarios profesionales... depósito en cuenta, cheque, etc.), plazo de pago. Todo por escrito. Y sólo empieza el servicio cuando esté todo bien definido y el cliente haya confirmado que está de acuerdo, por E-mail o fax. Si cambian las especificaciones del servicio, cambia el precio. Tenemos unas alteraciones, ¿las puede hacer? ¡Claro que sí! Pero esto tiene un precio, porque el precio cotizado era por el trabajo inicial.

Establecimiento. El profesional se establece como manda la ley, o como autónomo o como persona jurídica. El traductor profesional no da facturas de terceros, no necesita buscar exclusivamente servicios que pueda hacer "sin factura".

Busca constantemente nuevas oportunidades. El profesional no se queda esperando que el servicio le caiga del cielo: Las busca constantemente, hasta estar totalmente ocupado. En ese momento, empieza a rechazar los servicios de los clientes que le pagan menos, de los más pesados.

Calidad. El Profesional lucha por la calidad. No existe la traducción perfecta y siempre existe algo de subjetivo en las evaluaciones. Pero, asimismo, el traductor trata de establecer un concepto de calidad y de mantener su calidad en el más alto nivel posible.

Conocimiento de las propias limitaciones. El traductor informa claramente cuando el trabajo está más allá de su capacidad. Ej.: No traduzco medicina. No logro traducir 18000 palabras hasta el viernes.

Compromiso con el lector. El traductor profesional insiste determinadamente en prestar siempre el mejor servicio posible. Sin importar el precio, el asunto, el cliente: Si aceptó hacer el servicio, tiene que esmerarse. El profesional debe tener un compromiso con el lector y el lector no tiene la culpa si el cliente es corto de entendimiento, si el pago es poco, si el plazo es corto, si el texto es aburrido. El lector es inocente en todo eso y no puede pagar por un crimen que no cometió.

Ser profesional no es fácil. No todos lo logran.

Autor: Danilo Nogueira
Traducción y adaptación: Víctor Gonzales
Fuente: Librería SBS



The Interpreter

Ser profesional no es fácil. No es un trabajo para cualquiera.









La formidable crisis del hombre, esta crisis total, está sirviendo al menos para reconsiderar los modelos. Y no es casualidad que en diferentes partes del mundo empiece a reivindicarse otro tipo de socialismo, más cercano a aquel que preconizaba Proudhon, o al que en nuestros tiempos han sostenido espíritus nobles y lúcidos como Mounier, entre los cristianos y Bertrand Russell, entre los agnósticos. [...] Un socialismo que respete la persona, que termine con la alienación y la sociedad de consumo, que termine con la miseria física pero también con la espiritual, que ponga la técnica y la ciencia al servicio del hombre y no, como está sucediendo, el hombre al servicio de aquellas. Un socialismo descentralizado que evite los pavorosos males del superestado, de la policía secreta y de los campos de concentración [...]


Ernesto Sabato (Rojas, Provincia de Buenos Aires; 24 de junio de 1911) es un escritor, ensayista, físico (retirado) y pintor aficionado argentino. Ha escrito tres novelas, El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador, así como diferentes ensayos sobre la condición humana.

Hoy vive en Santos Lugares, provincia de Buenos Aires, donde se dedica exclusivamente a la pintura, puesto que, por prescripción médica, se le ha prohibido escribir y leer.

domingo, 26 de julio de 2009

Boletín 8

«Separaciones»
Hay personas que sufren por causa de las separaciones, otras, mucho menos comunes, se alegran por esta situación. Realmente una separación es siempre un alivio. Y algunos luego encuentran la llamada «soledad magnífica», como dijo Freud. Pero no soy este tipo de persona y, para los hombres comunes, la separación es muy dolorosa.

El asunto no me es raro porque ya hice una película sobre este asunto y también ya tuve cinco matrimonios y cinco separaciones. Sin embargo, no tengo mucho que decir sobre el tema. Existen cosas que son así, mientras más se viven o más se piensan, más obscuras quedan.

En mi primera separación, tenía unos veinte y pico años. Su nombre era Eliana. Me desarmé tanto que no podía ni salir a la calle, imaginaba que los edificios se me venían encima. También recuerdo que fue en esa época que descubrí el psicoanálisis y luego el alcohol. En la bohemia, en el tiempo sin el tiempo de la bohemia, siempre buscaba el Amor. Me quebré la mano al dar un puñetazo en la pared y fui a la sesión de psicoanálisis a tocar una flauta de plástico que alguien me dio, con la mano enyesada. Quiere decir que, sufrí mucho.

En mi segunda separación también sufrí. Tuve tres enamoradas al mismo tiempo, y no se me paraba con ninguna de las tres. Se llamaba Leila. En vez de tocar la flauta, hice una película, «Todas las Mujeres del Mundo». Les digo lo siguiente: los períodos de separación por lo general, son altamente productivos.

Mi tercera separación, Nazareth, yo tenía unos cuarenta años y algo más, sufrí mucho y no le vi ninguna gracia a todo eso. Yo estaba sin dinero y me la pasaba entre pasillos de bancos postergando pagarés, parcelando deudas y movido a base de anfetaminas. En aquella época eran vendidas como remedio para adelgazar.

Mi cuarto matrimonio, Lenita, duró diez años y tuve con ella a Maria Mariana, mi hija. En la cuarta separación tenía casi cincuenta años, tuve pocas enamoradas, pocas pero buenas.

Hasta que hace veintiocho años, me casé con Priscilla, una adorable criatura que me acompaña hasta hoy. Al octavo o décimo año de matrimonio, estuvimos un año separados. Si ya me había desarmado en la primera separación, en esta ultima me desintegré, lo que quiero decir es que sufrí demasiado. Pero siempre productivamente. Esta experiencia resultó en una película, «Separaciones».

Si menciono estos datos biográficos, es apenas para intentar observar lo que hay en común entre estas cinco malditas pero necesarias transiciones. En realidad casi se puede decir que todo hombre soltero quiere estar casado, así como, todo hombre casado quiere estar soltero. No conozco ninguna pareja decente que no alimente un sólido deseo de separación. Esto hace parte de un buen matrimonio, creo yo. Al final de cuentas, el amor nos quita libertad, sin duda alguna. Lo que es algo inadmisible. Y la soledad muchas veces es muy desagradable y vacía. Finalmente, así vamos todos, amando y desamando, como carneritos a espera del corte.

La pregunta que me hago hoy con respecto a este asunto es sobre la posibilidad de amar, casarse y separarse sin sufrir. Ya me pregunté muchas veces sobre el misterio del dolor del amor. Para intentar entender el dolor del amor existen tres indagaciones sobre el amor mismo.

Primero. ¿Por qué el amor (la pasión) acaba? Infinita mientras dura, pero no dura. ¿Es por el olvido de nosotros mismos? ¿Por qué, siendo explosión, con el tiempo se atenúa? ¿Por qué, habiendo dado al amante su oportunidad de eternizarse, no tiene nada más que hacer allí?

La segunda indagación va más directo al punto: ¿Por qué nos duele tanto cuando el amor acaba? ¿Por qué es tan triste? ¿Por qué es inaceptable? ¿Ningún raciocinio o vivencia autorizó la creencia de su perennidad? ¿Por qué al final nos despedazamos? Ah, el dolor del amor. Es más que una angustia. Es una fiebre, una deshidratación. Pocas cosas son tan dolorosas como el fin de un gran amor. Tal vez ni el final de la propia vida sea tan triste. ¿Y qué es lo que duele? ¿Dónde duele? Duele por no ser más lo que era. Duele por todo lo que podría haber sido, si aún fuese, pero no será jamás. Duele la pérdida de la pasión, la única moneda cósmica que tenemos a nuestra disposición. Pero ahora, tranquilicémonos. Debe haber algún motivo objetivo para tanto dolor. Examinemos metódicamente una a una las pérdidas.

¿Qué es lo que se pierde cuando se pierde un amor? ¿Tal vez la moneda cósmica? No, no debe ser eso. Todos los hombres sufren separaciones y no todos están preocupados con los cosmos.

¿Acaso será la pérdida del objeto sexual? Tampoco debe ser eso. Hay muchas Marías para cada Juan.

¿Cualquier cosa relacionada a celos de terceros? Pero hay separaciones que no envuelven terceros, y ni por eso dejan de ser dolorosas.

Son tan poco razonables las explicaciones psicológicas, el rompimiento de la fantasía, la falta de una revolución sentimental o cualquier cosa de ese tipo. Pero tampoco es eso. Hombres maduros, estudiosos, que indudablemente sobrepasaron este tipo de acontecimiento psicológico también sufren como perros envenenados.

Profundicemos esto.

Tal vez sea el horror por la soledad, porque cuando convivimos mucho con la persona amada, perdemos totalmente la noción de cómo estamos solos en el mundo. Nuestra íntima alegría o dolor son compartidos, conquistamos un oyente interesado y perder eso, convengamos, ya es perder mucho.

Tal vez el miedo de la libertad, citando a Dostoievski, mi apreciado compañero desde la adolescencia, «No hay nada que el hombre desee más que la libertad, ni nada que sea más doloroso».

En la tercera indagación sobre el amor pregunto si éste es necesario. En la búsqueda de la verdad todas las hipótesis deben ser levantadas, hasta las inelegantes. ¿Existirá realmente un solo y único gran ser? ¿No será un hombre un animal o dos? Como intuían los antiguos griegos, un ser cuya biológica naturaleza verdadera hace parte de una unidad mayor, llamada pareja. Si la función de la hipótesis es responder paradojas, ésta es la meritoria, puesto que por lo menos explica el dolor del amor. Duele porque falta una parte, tanto como nos dolería si nos arrancasen un brazo o un ojo.

Cuando escribí el guión de la película «Separaciones» ya tenía bastante material. Recogido tanto de mi vivencia como de la de mis amigos, pero no lograba terminar la historia. Sólo pude hacerlo cuando me acordé de Kubler Roth y de sus fases por las cuales obligatoriamente pasa un enfermo terminal. Cuando me di cuenta que éstas podían coincidir con las fases de mi héroe ridículo en un período de separación, el guión quedó terminado. Sólo es posible comparar la separación de dos amantes con la muerte de un hombre. En la película mi orden es: La negación («¡No! ¡No puede ser! Es mentira, ella volverá. Fue un pelea sin importancia.»), la Negociación («Si ella vuelve a mí dejo de fumar, hago cualquier promesa, nunca más seré un mujeriego»), la Revuelta («Quiero matarte, pedazo de puta!») y la Aceptación, que es cuando se busca otra enamorada. O entonces a lo mejor ella vuelve. Observe que me tomé cierta libertad con Kubler Roth. Invierto el orden que es: La negación, la Revuelta, la Negociación, la Depresión y la Aceptación. Y doy por sobrentendida la fase de la depresión.

Bien, espero que quien aún no vio la película, pueda verla. Es muy gracioso ver a aquel hombre arrastrándose por el suelo, haciendo todos los ridículos posibles para recuperar a la mujer amada.

Hoy tengo 72 años, continúo queriendo separarme de Priscilla, y ella de mí naturalmente, puesto que somos normales y tengo la impresión que podríamos hacer esto alegremente sin ningún tipo de celos y sin ningún tipo de dolor. Tengo esta exacta impresión con la misma convicción de que no creo absolutamente en ella. Me muero de miedo sólo de pensar en separarme de Priscilla. Creo, concluyendo, que es una cuestión genética. Hay hombres que nacieron para vivir solos, y ciertamente no soy uno de ellos. El verdadero arte de vivir tal vez sea intentar ser aquello que uno es. Lo que evidentemente es muy difícil.
Autor: Domingos Oliveira.
Traducción: Víctor Gonzales
Una palabra
Carlos Varela
Una palabra no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo,
igual que el viento que esconde el agua
como las flores que esconde el lodo.

Una mirada no dice nada
y al mismo tiempo lo dice todo,
como la lluvia sobre tu cara
o el viejo mapa de algún tesoro.

Una verdad no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo,
como una hoguera que no se apaga
como una piedra que nace polvo.

Si un día me faltas no seré nada
y al mismo tiempo lo seré todo,
porque en tus ojos están mis alas
y está la orilla donde me ahogo,
porque en tus ojos están mis alas
y está la orilla donde me ahogo.
Arequipa - 469 Aniversario
Sin palabras para decir lo que siento, mi tierra querida.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Boletín 7

De qué sirve

De qué sirve esta ciudad llena de plazas y alamedas
si en el transcurso de mis días en esta ciudad
mis pensamientos vuelan solitarios
porque tú ya no me esperas.

De qué sirve tanto paisaje verde bajo este cielo azul
sin ti a mi lado.
De qué sirve la luna llena en una noche propicia para los amantes,
si en la inmensa oscuridad de esta ciudad, no hay quien me quiera.

De qué sirve la palabra amor si la multitud no ve la fiesta de colores
que nos ofrecen los pájaros,
no ve el albor inmaculado de las garzas a las orillas del río
ni la sonrisa espontánea de la alegría.

De qué sirve mirar a los demás con desamor,
con la sola expectativa de un momento de deleite amoroso.
De que sirven dos soledades abarrotadas de realizaciones individuales.

De qué sirve...

Año Nuevo al pie del Misti

Ya se avecina el nuevo año y todos corren por las calles, algunos aún buscan en los mercadillos y claro, otros en la nueva Saga Falabella— la sensación de la ciudad, la ropa interior de color amarillo para usarla o para darla de regalo a algún ser querido, pudiendo este ser un amigo, una amiga, una esposa, o el esposo que tiene vergüenza de ir a buscar la vestimenta, como manda la costumbre para recibir el nuevo año que está por llegar. No será sorpresa para cualquier forastero que viene a pasar las fiestas en la ciudad que en esta noche, se encuentre con un calzón amarillo en su afán de conocer el encanto de las bellas chacareras.

Doña Zoila ya está preparando el azafate con la pierna de chancho acompañada de algunas papas y camotes, así como la rica ensalada de manzana verde y apio, receta que se la dio doña Emperatriz.

¡Qué ricura! ¡A ver si me guardan un poco, pasaré después de las doce! — grita Jorgito, desde la calle.

Aquí va la receta de Doña Emperatriz que se la pasa a todas las vecinas y aún en los trópicos brasileños causa sensación:

Ensalada de Apio
- Apio
- Manzana verde
- Pasas negras
- Limón
- Mayonesa

Remoje las pasas en una taza de agua de té, también pueden hacerse en vino dulce. Escurra y seque.
Pique el apio y póngalo en agua fría por 1/2 hora. Escúrralo.
Pele y pique la manzana. Échele un poco de zumo de limón para que no se ponga oscura.
Junte todo con la mayonesa. Añada un poco de sal también puede añadir pimienta negra al gusto.

Cuando doña Zoila termina; Dany le dice que irá a la Feria del Altiplano a comprar las flores amarillas y los racimos de trigo para adornar la mesa.
- Hija, no te olvides de comprar un racimo de flores del campo para el baño de más tarde – le dice Zoila.
- Está bien, mamá.

Las hijas de doña Charo igualmente se preparan para el año nuevo, limpiando la casa y juntando la ropa vieja para quemarla a la noche en la frentera de la casa como los demás vecinos. Del mismo modo, ya dejaron la maletita a la mano, para empezar a correr con ella e ir a dar una vuelta a la manzana, como lo hace la mayoría, sí, es una costumbre antigua, dicen que es para que se viaje todo el año. Sea verdad o una superstición más del pueblo, hace algunos años corrí toda la vuelta a la manzana y ese mismo año, partí hacia el otro lado del continente.

Después de que Nelva, Luz y Beatriz terminaron de limpiar la casa, colocaron un limón en cada esquina de la casa, limones que botarán a la basura en la mañana del próximo año.
Carlos que viene del valle a pasar las fiestas a la ciudad, trayendo el vino añejo de la cosecha anterior y no dejó de guardar en sus bolsillos las pequeñas alforjas con arroz, trigo y lenteja, para que el nuevo año sea un año próspero y abundante.

Lizeth le dice a su madre que no se olvide de las uvas, a la medianoche, ambas deberán comer doce uvas, una por cada mes y pedir un deseo por cada uva.

Es así como en la bella ciudad blanca a las faldas del Misti, el cual se verá iluminado por las luces de cohetes, castillos y otros fuegos artificiales que serán reventados a la medianoche, se despide un año más, con la esperanza de un año mejor y siguiendo las costumbres chacareras.




























domingo, 19 de agosto de 2007

Boletín 6


Tristitia
(Abraham Valdelomar Pinto, 1888-1919)

Mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola
se deslizó en la paz de una aldea lejana,
entre el manso rumor con que muere una ola
y el tañar doloroso de una vieja campana.

Háblame el mar la nota de su melancolía;
el cielo, la serena quietud de su belleza,
los besos de mi madre una dulce alegría
y la muerte del sol una vaga tristeza.

En la mañana azul, al despertar, sentía
el canto de las olas como una melodía
y luego el soplo denso, perfumado del mar.

Lo que él me dijera, aún en mi alma persiste;
mi padre era callado y mi madre era triste
y la alegría nadie me la supo enseñar...


Entre santas y brujas

Además del culto al Cristo Crucificado de Luren y al Cristo de la Agonía en Pisco, los iqueños otorgan su fe a dos veneradas mujeres piadosas: la Beatita de Humay en Pisco y la Melchorita, en Chincha.

Luisa de la Torre y Rojas (1819-1869), conocida como la Beatita de Humay, su tierra natal, tuvo una vida virtuosa que, de acuerdo a la fe popular, le permitió realizar curaciones milagrosas. Su pueblo, del que nunca se apartó, es hoy lugar de peregrinación.

En Grocio Prado (Chincha) nació Melchora Saravia Tasayco (1897-1951), llamada Melchorita. Fue terciaria franciscana de gran amor por los desvalidos y severa vida ascética. La ermita en que recibía a los necesitados y su tumba en el Cementerio General de Chincha son muy visitados por sus devotos.

También es motivo de oraciones el franciscano Ramón Rojas, recordado como el Padre Guatemala. Fue un fraile guatemalteco que predicó en Pisco, Ica, Palpa y Nasca hacia 1830 y que según la creencia popular hizo brotar agua en el desierto, en un lugar conocido como Pozo Santo o Pozo del Padre Guatemala, que hoy ya está seco.

Desentona con este peregrinar virtuoso que numerosos viajeros se acerquen al Cementerio General de Pisco a ver la tumba de Sara Ellen (1872-1913), viajera inglesa que murió a bordo de un barco, enferma de fiebre amarilla. En torno a la muerte de esta mujer se ha formado una leyenda que le atribuye absurdos poderes diabólicos. En 1993 muchos esperaban su resurrección convertida en vampiro. Al no ocurrir tan vano prodigio, visitar la tumba de esta difunta ha pasado a ser parte del folclor local.

Beatita de Humay, Pisco

Melchorita, Chincha

Padre Guatemala, Ica

Cementerio General de Pisco, tumba de Sara Ellen (1872-1913)


Bellezas de Ica












sábado, 4 de agosto de 2007

Boletín 5


El dolor
(Beatriz Linares, 1951)

Qué puedo hacer contigo,
que partiste mi vida,
quebraste mi vida
y heriste mi corazón.

Cuánta pena tengo
que no me deja vivir en paz,
todo fue por amarte
ya que tú era el amor imposible.

Tú no mereces amarte tanto,
tienes un corazón traicionero
y gozas con el dolor ajeno
y te ríes de la gente y el amor.

Cuánto quisiera estar lejos
y no verte más.
Tu recuerdo mata mi alma
al no poder olvidarte.

Que lejos te encuentras
y a la vez, cerca de mí.
Cariño malo, qué dolor
por tu traición.

Tú mataste el inmenso amor
que sentía por ti
que triste es renunciar
al amor sin decir adiós.


«Ari quipay»

Arequipa, es la segunda ciudad más grande del Perú, ubicada a 1,024 Km. (640 millas) al sur de Lima. Fue fundada en 1540 y es una de las ciudades más atractivas del país. Con numerosas iglesias coloniales y mansiones, incluyendo al Convento de Santa Catalina, fundado en 1579 y abierto al público en general luego de 400 años de claustro. Arequipa es conocida como la Ciudad Blanca debido a sus muchas edificaciones hechas de una piedra de sillar blanco que es arrojada por el Volcán Misti. Tres volcanes dominan la escenografía: Misti, Chachani y Pichu Pichu.

Al norte de Arequipa se encuentra el espectacular Valle del Colca, un pintoresco valle andino con pequeños pueblos fundados en la época de la Colonia, que alberga a unos de los cañones más profundos del mundo, el Cañón del Colca (3,400 mts.) y hogar del majestuoso cóndor.


Añoranzas de mi tierra













jueves, 25 de enero de 2007

Boletín 4

EPÍSTOLA A LOS TRANSEÚNTES
(Cesar Vallejo, 1892-1937)

REANUDO mi día de conejo
mi noche de elefante en descanso.

Y, entre mi, digo:
ésta es mi inmensidad en bruto, a cántaros
éste es mi grato peso,
que me buscará abajo para pájaro
éste es mi brazo
que por su cuenta rehusó ser ala,
éstas son mis sagradas escrituras,
éstos mis alarmados campeñones.

Lúgubre isla me alumbrará continental,
mientras el capitolio se apoye en mi íntimo derrumbe
y la asamblea en lanzas clausure mi desfile.

Pero cuando yo muera
de vida y no de tiempo,
cuando lleguen a dos mis dos maletas,
éste ha de ser mi estómago en que cupo mi lámpara en pedazos,
ésta aquella cabeza que expió los tormentos del círculo en mis pasos,
éstos esos gusanos que el corazón contó por unidades,
éste ha de ser mi cuerpo solidario
por el que vela el alma individual; éste ha de ser
mi hombligo en que maté mis piojos natos,
ésta mi cosa cosa, mi cosa tremebunda.

En tanto, convulsiva, ásperamente
convalece mi freno,
sufriendo como sufro del lenguaje directo del león;
y, puesto que he existido entre dos potestades de ladrillo,
convalesco yo mismo, sonriendo de mis labios.



¿Vale la pena aventurarse?

Sí, vale la pena; eran las diez de la noche y aún no había decidido donde iba a esperar el año venidero; la propuesta, un viaje, ¿Adónde ir? Días antes de la víspera no pude ver nada sobre el viaje ya que la correría de fin de año me mantuvo muy ocupado, pero estaba seguro de que iría a algún lugar, quería salir de la metrópoli para descansar un poco, tal vez caminar un poco bajo el sol, en la arena y apreciar los bellos paisajes paradisíacos de la costa brasileña me descansarían, pero, ¿A dónde ir? Decidí invitar a un viejo amigo a este viaje sin rumbo.

Salí casi a la medianoche rumbo al Terminal de Autobuses sin un destino determinado, una aventura sería lo mejor para salir de la monotonía del ajetreo cotidiano.

–Autobús con destino a Ubatuba con horario de embarque para las doce y media de la noche.

No había nada mejor que esta alternativa, ya conocía este pequeño y exuberante balneario, valía la pena volver allá.

Compramos los pasajes y esperamos en la sala de embarque hasta que el autobús llegó. En el autobús y sin sueño, lo primero en que pensé fue en empezar a leer el libro que había comprado días atrás. El camino se hizo corto gracias a la lectura y al poco tránsito por el horario. Llegamos a la ciudad muy temprano, mejor dicho de madrugada, encontré un lugar para comer un pan con mantequilla y tomar una taza de chocolate, era lo suficiente para empezar el día.

Ahora venía lo mejor, o peor, buscar un lugar para pasar los siguientes días, todo debía estar lleno por ser época de veraneo y vísperas de Año Nuevo.

Anduvimos mucho, preguntamos hasta el cansancio y nada favorable aparecía, el cansancio de la noche de viaje empezaba a notarse en mis ojos y en mis pasos lentos y cansados. Mientras hacía un último intento, tocando la puerta de una señora, mi amigo me llamó porque había encontrado una posada, si eso se puede llamar una posada, un lugar sencillo, sencillísimo, diría yo, pero que al menos nos permitiría pasar los días de descanso programados, bañarse y tener un lugar para la corta estadía en la ciudad, por lo menos, era mejor que tomar las maletas y volver, frustrados, a la gran metrópoli.

Todo indicaba que sería una gran paseo y así fue, después de unas buenas horas de sueño, empezó la aventura; quería hacer de mi viaje una hazaña, y por si fuera poco, como guía de turismo ya que mi amigo nunca había visitado la ciudad. Fuimos a una playa paradisíaca, claro, tuvimos que andar mucho como buenos «mochileros», esto hacía parte de la aventura y aunque quisiéramos usar los medios de transportes, era mejor no hacerlo; la pequeña flota de 18 autobuses que atiende a la ciudad, no ayudaba mucho, así que era mejor andar que esperar en la carretera, el cansancio de la espera sería peor.

Llegué a la playa y lo primero que hice fue apreciar el paisaje, luego no acomodamos y pedimos algunos aperitivos como camarones y claro, unas cervezas, el calor las pedía.
Fueron días de playa, paseos por la ciudad en las noches, restaurantes lujosos, sí claro, porque como nos hospedamos en un lugar mucho más sencillo de lo imaginado, pude darme algunos lujos, mucha comida, paseos turísticos y también fui a un centro de protección de tortugas marinas que realiza un trabajo muy laudable, ya que estos exóticos animales, hace algunos años atrás eran cazados para aprovecharse su carne, comer sus huevos, hacer peines y armazones de anteojos. Claro que además de admirar todo esto pudimos apreciar las bellezas brasileñas, aún me pregunto si es por esto que ellos dicen que Dios es brasileño.

Los días pasaron y llegó la noche de la verbena de fin de año, fue muy buena, siguiendo la tradición del país, fui hasta la playa donde reventarían los fuegos artificiales y una orquesta sinfónica a orillas de la playa daría la bienvenida al año nuevo.

Al día siguiente después de una buena juerga de verano, dormí hasta el mediodía, para después alistar las maletas para el regreso; ya me había hecho la idea de que habría mucho tránsito al regreso y por eso pensé que la lectura de mi nuevo e interesante libro amenizaría el tedio del largo viaje, pero lo que nunca me imaginé es que 4 horas normales de viaje se trasformarían en 11 horas de viaje. En ese momento pensé que no hay mejor hábito que el de la lectura.

Valió la pena la aventura.





jueves, 23 de marzo de 2006

Boletín 3

Festival de la Vendimia

Esta fiesta se lleva a cabo la segunda semana de marzo, en la que se celebra la abundancia de la uva y del vino de la región de Ica (a 4 horas al sur de Lima por carretera), lugar donde la perseverancia del trabajo en las viñas, ha cubierto de verde grandes extensiones de terreno ganadas al desierto.
La Vendimia comprende ferias, concursos, desfiles de carros alegóricos, festivales de música y fiestas donde se danza el “festejo afro-peruano”.
Una de las principales atracciones es la elección y coronación de la Reina de la Vendimia, que acompañada por su corte realiza "el pisoteo de la uva" para extraer el zumo de la fruta que se convertirá en vino. También sobresalen las riquísimas “tejas”, dulces de castañas o frutas confitadas, rellenas de dulce de leche y cubiertas con baño de azúcar. Los asistentes a la vendimia podrán degustar el sabor del pisco, el aguardiente de uva originario del Perú desde hace cuatro siglos, que seduce por su aroma y sabor.
Si Atendieras a los ruegos
( Yaraví*)

Si atendieras a los ruegos
De un desventurado amante que por tí muere,
Quizá no suportarías
El que viva padeciendo quien bien te quiere.

Pero como tu crueldad no se doblega ni ablanda
Con mi ternura me tienes continuamente
exhausto y aniquilado con penas duras.
¿Será otro, acaso, el feliz a quien tributas las glorias,
que a mí te niegas?

Aquél te sabrá estimar, pero no con la ternura del que hoy desprecias.
Te amé, te amo y te amaré aunque me creas indigno de tal amor,
Yo alimentaré en pecho esta pasíon que me causa tan cruel dolor.

Finalmente, al cielo invoco que favorable decida de mi destino,
Y entonces conocerás mi excesiva voluntad y mi amor fino.
Mariano Melgar (1971-1915)
(*) yaraví. (De or. quechua). 1. m. Melodía dulce y melancólica de origen incaico, que se canta o se interpreta con quena.
Colaboración: Osni Medeiros.